lunes, febrero 26, 2024

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Con voluntad, ánimo y perseverancia, voluntarios y damnificados luchan por seguir adelante

La Paz/AMN.- Cadenas de manos son las que hacen circular, agua, comida, ropa e implementos de limpieza para los damnificados del deslizamiento de Bajo Llojeta. La solidaridad de los paceños se hace sentir a través de las donaciones, que llegan a cada hora.

“¡Todos en fila, que ahora vamos a pasar paquetes de botellas de agua!”, dice un voluntario de la Cruz Roja. Vecinos, militares, funcionarios de la Municipalidad y del Gobierno pasan los paquetes de agua, luego fueron implementos de limpieza y otros productos.

Con los rostros quemados por el sol inclemente, las personas se miran y se organizan para retomar sus actividades en el campamento Figueroa. Algunos van al lugar del deslizamiento para recuperar lo poco que tenían, otros se encargan de limpiar las carpas, el resto –funcionarios y voluntarios- se dan la tarea de preparar la comida y distribuir víveres.

Los niños hacen sus tareas en la carpa aula habilitada por el Gobierno Autónomo Municipal de La Paz (GAMLP). Ahí las cebras y educadores urbanos hacen actividades de esparcimiento, en las que los menores de edad olvidan por un momento lo sucedido.

De repente, el conocido Conejo Ricky llega al lugar a amenizar una improvisada fiesta de cumpleaños para un par de niños. Una gran torta, enviada por voluntarios, adorna la mesa de plástico; el festejo se siente con baile, juegos y diversión. El conejo Ricky pide una velita para que los celebrados puedan soplar, pero no hay. “¡Que sea una vela imaginaria!”, sugiere una niña y los pequeños soplan muy fuerte.

“Da gusto ver a nuestros hijos así, por lo menos les trae un poco de alegría en esta desgracia”, afirma doña María, quien sonríe y luego vuelve a trabajar para recuperar sus cosas.

Los voluntarios trabajan cual si fuesen hormigas. Veterinarios de la Casa de la Mascota llegan al campamento para revisar a los animales. Temerosos, los perritos y gatos salen de las carpas detrás de sus dueños.

Nano, un pastor alemán, se recuesta para que lo revisen. “¿Ha vomitado, tiene legañas en exceso, hizo diarrea?”, pregunta el veterinario. Las dueñas lo niegan y el médico recomienda que le den un poco más de líquidos.

El responsable de la Unidad de Salud Integral de Animales y Zoonosis del municipio, Juan Carlos Alba, conversa con los damnificados y les asegura que todos los animales serán atendidos. Además pide a la población reconocer a mascotas perdidas. “Hay perros y gatos que están temporalmente en asociaciones de animales, les pedimos a los dueños ir por sus mascotas”, agrega.

Por su parte, el secretario municipal de Infraestructura Pública, Rodrigo Soliz, informa a los vecinos que en un par de horas tendrán fuentes de energía eléctrica y de agua potable. “Estamos coordinando la labor con otras instituciones para proveer de estos servicios de manera inmediata”, concluye.

Los voluntarios de la Cruz Roja distribuyen los víveres. Algunos cocinan y otros la distribuyen. Uno de los médicos voluntarios de la Cruz Roja, José Luis Campero, confirma que durante la mañana la alcaldía hizo el control de roedores en el campamento. “No existe presencia de ratones, por lo que la gente puede estar tranquila”, asevera.
No obstante, el panorama aún es desolador. A lo lejos se distinguen los escombros de las que alguna vez fueron casas de hasta tres pisos, mezcladas con la tierra, plantas y resto del relleno sanitario en la década de los años 70. Algunas personas, después de tanto subir y bajar hacia el lugar del deslizamiento, se toman un respiro para observar el lugar donde estaban sus hogares.

Una mujer adulta mayor se agarra de los barandales amarillos de un área verde y las lágrimas reflejan el dolor de haberlo perdido todo. “¡Mi casita estaba ahí abajo… vivía con mis 14 nietitos y ahora no tengo casita!”, manifiesta entre sollozos. Los vecinos la miran, se lamentan, pero luego vuelven a trabajar.

Lo que necesitan

Los vecinos pueden hacer llegar sus donaciones a los puntos de acopio situados en la subalcaldía Sur, Emaverde y la Biblioteca Municipal Mariscal Andrés de Santa Cruz. Lo que se necesita son implementos de limpieza, toallas, alimentos no perecederos, y agua embotellada principalmente.

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