La Paz/Cosas Claras.- Entrar a la universidad, votar, trabajar, lograr cada una de estas actividades fue el resultado de una larga lucha de las mujeres. Ahora, además de luchar por percibir el mismo salario que un varon, de no ser violentadas en ningún ámbito, de no ser asesinadas, de decidir sobre su cuerpo y tantas otras reivindicaciones, las mujeres batallan día a día en espacios económicos, sociales y políticos que antes estaban destinados solo a los hombres.

Cosas Claras le cuenta algunas de las miles de historias de las mujeres que batallan día a día irrumpiendo en actividades que demuestran que pueden hacer lo que les interesa y quieran, pese a las barreras, prejuicios y miedos.

Al volante para ofrecer seguridad

“Mujer al volante, peligro constante” es el estigma con el que 50 mujeres, agrupadas en Mujeres al volante, lidian todo los días. Ellas brindar servicio de transporte seguro por las calles de paceñas a sus pares, niños y personas de la tercera edad.

“Estamos incidiendo en dos factores, uno que es el de la seguridad ciudadana, de dar a las familias transporte seguro, y, por el otro, generamos actividad económica para estas mujeres que no pueden tener un trabajo tradicional por sus labores en sus familias”, relata Gabriela Strauss,  una de las fundadoras de esta iniciativa.

Esta actividad nació en abril de 2017, cuando Gabriela y cuatro de sus amigas decidieron conducir para ayudar a las familias a transportar, principalmente, a los niños de forma segura. Desde allí transportaron a todo tipo de menores, incluso a ella le tocó llevar a una bebé de siete meses, con quien, además, tuvo los cuidados necesarios en el recorrido.

Cuando inició todo ni Gabriela ni sus socias se imaginaban que en dos años reunirían medio centenar de mujeres que como ellas se animaron a conducir y ofrecer este servicio, pese a los prejuicios.

En dos años, este grupo no solo captó clientes fijos sino también ganó reconocimientos, entre ellos el primer lugar de la categoría de Servicios en la Incubadora de empresas de la Alcaldía y un premio internacional.

“Quería tirar la toalla, pero al recibir reconocimientos sentí energía”

Cecilia Jáuregui, de 31 años, es una de las empresarias bolivianas jóvenes, que cumplió su sueño de tener un emprendimiento para cuidar el medio ambiente. Ella es la gerente propietaria de Innovapast, donde se fabrica bolsas degradables con el reciclaje de bolsas y materiales de plástico.

“Me siento muy agradecida con la vida desde que he empezado a emprender este camino. He tenido el deseo de tener una empresa y cuidar del medio ambiente”, dice Cecilia.

Para formar esta empresa realizó acuerdos con proveedores de materia prima, logró comprar una moledora de nylon y con los años adquirió otras maquinarias.

“Nosotras ayudamos a reciclar el plástico. Estamos reciclando y reusando este material y lo estamos transformando en un producto que no va contaminar el medio ambiente”, dice orgullosa.

La innovación de Jáuregui recibió, en 2018, el primer lugar del concurso municipal Emprende La Paz, además fue galardonada con premios de otras instituciones.

“Es muy importante que la emprendedora se sienta motivada y tenga pasión. Yo quería tirar la toalla, en una sociedad donde aún hay machismo, fue un poco complicado, pero al recibir estos reconocimientos sentí mucha energía.

“Me ayudó a empoderarme y a darme cuenta que lo que estos haciendo realmente está ayudando al medioambiente y que mucha gente lo valora”, expresa Cecilia, aún emocionada por todo lo que ha logrado en este tiempo.

“Hago trabajo duro para sacar adelante a mis hijos”

Susana  Huanacota Cori (42) tiene dos hijos, un varón y una mujer, a los que viste, alimenta y hace estudiar en la universidad. Ella dice que vida no es fácil, pero sus hijos le dan la fuerza y el ánimo para seguir adelante.  

Al igual que sus compañeras, Susana llega a su trabajo a las 07.30 horas para colocarse las botas, el overol y el sombrero e ir a la vía pública para limpiar, deshierbar, retirar sedimentos de cunetas.

Ella es una de las 63 mujeres que trabaja en la Unidad de Mantenimiento de la Secretaría Municipal de Infraestructura Pública, que es la encargada de trabajos duros en las calles. De las 63, 40 se encargan de la limpieza de cunetas y deshierbe; 16 para trabajos de construcción y siete para actividades livianas.

“Estoy 10 años trabajando aquí. Estoy acostumbrada al trabajo pesado, antes lo hacía en construcciones particulares en muros y ríos. Ahora hacemos limpieza, pero, trabajo es trabajo y no hay trabajo afuera, hay que seguir”, dice con su tono de fortaleza mientras toma un descanso de su tarea

Tras terminar su almuerzo retorna a sus labores, donde se siente tranquila, porque sabe que gracias a su esfuerzo sacó adelante a sus hijos, ahora universitarios.

La política, aspero terreno de caminar

“Es duro estar en la política para una mujer, muchas más para una mujer con pollera”, dice Beatriz Álvarez Jawira, con voz suave a través del teléfono, después de una jornada laboral.

Ella es una de las seis concejalas de La Paz que se mueven en el terreno político que es transitado, principalmente, por hombres. Hasta el 2015, la presencia masculina tenía más fuerza que la femenina dentro del Concejo Municipal de La Paz, pero ahora de 11 autoridades, seis son mujeres.

La Concejala Beatriz, de 42 años y origen aymara, incursionó en la política en 2014 y un año después fue elegida para representar a los macrodistritos Zongo y Jampaturi en el Concejo paceño por Sol.bo. Desde esa cartera ha promovido diferentes proyectos, principalmente, enfocados a la producción agrícola. Pero esta tarea, cuenta, no ha sido ni es fácil.

“Falta el apoyo de los varones, aún sigue existiendo el machismo, la discriminación, el adultocentrismo. A los pares varones quisiera que se comprometan y sean solidarios para apoyarnos”, enfatiza.

Pese a las limitaciones, reconoce los avances políticos en La Paz, puesto que además de la importante presencia de las mujeres en el legislativo municipal, esta también se siente en el ejecutivo. De los cargos jerárquicos municipales, el 40% es ocupado por mujeres.

Es así que cinco secretarías están dirigidas por Mabel Vargas, Mariana Daza, Verónica Hurtado, Heidi Mendoza, Rosmery Acarapi. Asimismo, las direcciones son ocupadas por destacadas profesionales como Karen Yañez, Claudia Apaza, Beatriz Cahuasa, Sara Zurita, Jaqueline Llanos, Daniela Jinés, Ximena Pacheco, Janeth Ferrufino, Claudia Apaza, Cecilia Bonadona, Mónica Reyes, Paola Valdenasi, Vania Villegas, Jenny Veliz, Paola Ricalde, Velma Vargas, Mariana Correa y Silvana Reynolds, entre otras. Todas ellas impulsan y promueven diversos proyectos que aportan a la gestión.

Un sueño sobre maquinaria pesada

– ¡Déjame jugar! –protesta Claudia de seis años contra uno de sus primos quien le ha quitado un tractor de juguete.

–Tú eres una niña, tienes que jugar con muñecas, –le responde el niño.

– ¡Pero yo no quiero jugar con muñecas, yo quiero jugar con autitos! –dice apretando fuertemente los puños.

Ahora, 16 años después, Claudia se ríe al rememorar esos días de su niñez en la provincia Aroma. Hace un año que maneja una retroexcavadora para la Entidad Descentralizada Municipal de Maquinaria y Equipo (EDME).

Antes de manejar la maquinaria, Claudia era trabajadora del hogar en distintas casas. Al no sentirse motivada, decidió hacer lo que más le divertía: conducir.

“Pero yo no sabía (conducir), aprendí sola —relata mientras teje el nombre de su hijo en una pañoleta a cuadros que le pidieron en el colegio donde estudia, mientras descansa de su labor de maquinista—. No sabía nada, nadie me enseñó, también por eso, al inicio, lo he fregado el auto”, se ríe y deja relucir dos dientes con borde de oro.

Minutos más tarde, la retroexcavadora que conduce retira las piedras del bosquecillo, donde realiza trabajos. La labor requiere de precisión, paciencia y mucha concentración. Claudia es la única operadora mujer en EDME a cargo de este tipo de maquinaria.

El año pasado, poco después de obtener el puesto como operadora, Claudia visitó su pueblo, donde se encontró con amigas, amigos y parientes.

“No me creyeron cuando les conté mi trabajo. Mis amigas son las más interesadas, ellas también quieren conducir como yo”, comenta orgullosa.

En unos minutos más terminará su jornada laboral, cambiará su overol por una pollera, el casco de seguridad por un sombrero y las botas de trabajo por zapatillas. Estará lista para llegar a su casa, donde la esperan sus dos pequeños hijos a los que saca adelante ella sola.

“Siempre me ha gustado (conducir), no ha sido fácil pero soy feliz, no me arrepiento de nada” comenta Claudia apoyada sobre el volante.

Antes de bajar de la retroexcavadora, que mide el doble que ella, dice que sueña es aprender a manejar otro tipo de maquinaria pesada. 

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