Oso jukumari. Foto: Verónica Avendaño

Conoce más historias emotivas en la revista del Bioparque Municipal Vesty Pakos

AMUN/11-06-24

Lo maniataron, lo golpearon con palos y apedrearon hasta fracturarle la cabeza, mandíbula y ocasionarle la pérdida de un ojo. Ajayu, un oso jukumari, fue víctima de toda esta violencia. Pero logró sanar sus heridas en el Bioparque Municipal Vesty Pakos.

En 2016, comunarios de Tiraque, en Cochabamba, maltrataron al oso que ese entonces tenía dos años, justificando sus acciones porque el mamífero quería atacar a un niño. Sin embargo, esta especie no es agresiva.

“Su historia nos marcó a todos”, contó el encargado de Guardafaunas, Francisco Quispe. Estaba tan asustado que con solo escuchar los pasos de una persona, gruñía de pavor. Cuando autoridades de la Gobernación de Cochabamba lo rescataron, un grupo de veterinarios, biólogos y cuidadores del bioparque lo atendieron de inmediato.

Se le hizo un estudio tomográfico, fue operado por médicos del Instituto Nacional de Oftalmología, con el asesoramiento de la especialista británica Claudia Hartley y del mexicano Luis de León. El trabajo fue arduo. En la etapa del postoperatorio, el guardafauna debió cuidar que el animal no se lastime.

“Junto a los biólogos y nutricionistas hemos trabajado, él no quería comer nada, probamos con todo tipo de alimentos; fueron tres meses de una lucha diaria que me dediqué a él”, continúa contando Quispe.

Con una sonrisa y brillo en sus ojos, dijo que Ajayu ahora es un “oso grande” que vive en el Centro de Custodia de Fauna Silvestre de Senda Verde, donde recibe un cuidado diferente. Quedó ciego y perdió parte de su olfato pero es un sobreviviente más del maltrato animal.

Testimonios

Encargado de Guardafaunas, Francisco Quispe

“Estoy pendiente que no les falte agua, alimento, que su ambiente esté limpio, hacer un constante cambio de ambientación, nuestras perchas y refugios. En el bioparque hay 10 áreas, cada área tiene entre ocho a 16 ambientes. La gente viene con el afán de ver un zoológico, eso está mal, es un espacio de educación”.

Guardafauna, Rufina Callisaya
“Es un privilegio trabajar aquí, estás de cerca con los animales. Son 20 años que me encargo de la limpieza, bienestar, alimentación y aprender a sentirme como ellos; como la mayoría llega por trata y tráfico, están muy maltratados, son agresivos los primeros días y debemos tener mucha paciencia. Es su segundo hogar y debemos tratarlos así”.

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