La conversación pronto se torna nostálgica. “Esta plaza tiene historia. Aquí nos enamoramos, aquí había cine, había vida,” recuerda un vecino con los ojos brillantes de recuerdos.
AMUN 20-03-25
Una tarde cualquiera en la plaza Garita de Lima, un grupo de vecinos se congrega con un objetivo claro: hacer escuchar sus necesidades al alcalde Iván Arias, que llegó al lugar con su programa “El Negro en la Calle”, que se transmite por radio Fides y las redes sociales de la Alcaldía.
La atmósfera está cargada de historias, de recuerdos y de frustraciones. La plaza, que alguna vez fue un punto de encuentro vibrante y lleno de vida, ahora se presenta como un espacio deteriorado, donde la falta de atención dejó huellas profundas.
“Nosotros desalojamos a un portero que vivía aquí (en una habitación que antes era retén policial) durante 22 años”, comienza uno de los vecinos, su voz entremezclada con la determinación y la tristeza.
El desalojo, aunque necesario para la seguridad del lugar, dejó un vacío que resuena en cada rincón. “No solo cobraba a los comerciantes, sino que su presencia se convertía en un riesgo. Bebía y asaltaba, y esa noche, incluso encerró a una señora de la tercera edad”. Las palabras fluyen con la agilidad de quien ha vivido una historia que no se puede olvidar.
El grupo de vecinos tomó cartas en el asunto, y tras un episodio complicado que incluyó la intervención policial, decidieron poner un candado a la habitación en la plaza, un símbolo de su lucha por recuperar el espacio.
“Hemos gastado 20,000 bolivianos en reparaciones, pero este lugar sigue inundado”, lamenta otro de los vecinos, señalando un ambiente que parece más una piscina que un espacio recreativo. La frustración es palpable.
“Desde noviembre, EPSAS no ha podido solucionar el problema de filtraciones. Han venido arquitectos, supervisores, ¡hasta científicos de la NASA!, pero nada ha cambiado”, dice el dirigente con un poco de ironía.
El clamor por la mejora de la plaza es un eco que se ha vuelto común en la comunidad. “Queremos que la guardia municipal entre aquí,” dice uno de los vecinos, aludiendo a una conversación con la capitana Patricia Krellac, quien se mostró interesada en establecer un control en la zona. “Este espacio puede ser seguro si se le da la atención que merece.”
La conversación pronto se torna nostálgica. “Esta plaza tiene historia. Aquí nos enamoramos, aquí había cine, había vida,” recuerda un vecino con los ojos brillantes de recuerdos. “Eran pantallas gigantes, y veníamos a ver películas gratis. Aquellos domingos de la banda municipal eran mágicos.” Las historias fluyen, revelando la esencia de un lugar que fue testigo de la vida de generaciones.
Pero no solo la historia está en juego; la falta de infraestructura básica, como baños, se convierte en un tema candente. “Los baños fueron administrados por la Junta de Vecinos, pero por razones desconocidas, se perdieron,” explica uno de los integrantes del grupo, reflejando la desconfianza que se ha instalado entre la comunidad y las autoridades.
A medida que la conversación avanza, la comunidad se siente cada vez más unida en su lucha por revitalizar la plaza Garita de Lima. La idea de una “ruta del amor” promovida por el alcalde se convierte en un símbolo de ironía. “Nosotros sabemos amar también, pero queremos que esta plaza sea segura y accesible para todos,” clama uno de los presentes, mientras el grupo asiente en señal de acuerdo.
La plaza Garita de Lima no es solo un espacio físico; es un símbolo de comunidad, de recuerdos compartidos y de un futuro que aún pueden construir juntos. Aunque enfrentan obstáculos, la determinación de los vecinos resuena con fuerza, y su lucha por recuperar su espacio es un testimonio del poder de la comunidad. Mientras se preparan para seguir adelante, hay una certeza en el aire: el cambio es posible, y la plaza volverá a ser un lugar de encuentro y alegría para todos.
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